Derechos Humanos

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La razón contrapuesta

Por:

Carlos Javier Leguízamo Jurado

La religión cristiana impregnada por los preceptos griegos de su mitología, determina que la razón es una herramienta que nos acerca al conocimiento de Dios. Sin la razón, no podríamos entender cómo se materializa una fe en una religión, “Cree para que entiendas y entiende para que creas” decía San Agustín.

El uso de la razón nos doto de capacidades para influir sobre la naturaleza caótica a favor de nuestra existencia, logrando de esta forma contener las enfermedades que nos agobiaban y usar mecanismos para su prevención. Por lo anterior, los métodos de anticoncepción surgieron como mecanismo de evitar no solo embarazos no deseados sino enfermedades de contagio sexual. Ante el impulso sexual humano, gracias a la razón, se es capaz de intuir la importancia de usar un condón.

Ahora bien, la iglesia, representación de Dios en la tierra, predica un discurso conservador satanizando el uso de métodos anticonceptivos por considerarlos en contravía de los mandamientos de Dios sobre la pureza y la creación de la vida, “blasfemia contra Dios” en palabras de Juan Pablo II. Entonces la razón entra en contradicción puesto que cualquier decisión que tome con respecto al uso de métodos anticonceptivos, distancia y acerca al mismo tiempo de la razón y en cierta medida de Dios.

A comienzos del tercer milenio, después de suceder el siglo de las luces y los grandes avances en el conocimiento de lo que nos rodea, nos encontramos en el África a 30 millones de personas contagiadas de VIH, haciendo parecer que la razón no logro atravesar el océano Atlántico ni el Indico. Las condiciones socioeconómicas de la región potencializaron la explosión de las enfermedades venéreas, pero se debe tener en cuenta que las condiciones económicas no son tan abismales con otras regiones del planeta, donde el VIH está presente en cantidades menos alarmantes.

Lo que si atravesó el Atlántico fue la iglesia Católica, siendo su evangelización mayormente en el África Subsahariana donde precisamente existe el mayor caso de VIH en el mundo. Establecer una relación directa sería irresponsable ya que la iglesia pregona la abstención. Sin embargo, la iglesia, si tiene una corresponsabilidad representativa en el brote de VIH, debido al uso instrumental que hace de la razón. Sus pregonas, reglamentos, mandamientos o como se quiera denominar a esta fuerza institucional, quisieron mantener en el África su fuerza totalizante perdida en el resto del mundo, a través de mantener un discurso en que la razón del hombre debe ser el control a sus deseos instintivos, lo que le permitirá a un acercamiento de Dios. La razón es desplazada por la fe y el miedo a un Dios castigador de los que usan condón, logro que la felicidad y el bienestar del hombre, argumentos que dan existencia a la razón y que están relacionadas en gran medida con gozar de buena salud y disfrute de la sexualidad, se consideraran pecado.

A pesar de llevar en sus espaldas el asesinato de millones y millones de personas en el África por juzgar el uso del condón y no evitarles lo angustioso de una enfermedad dolorosa, el papa Juan Pablo II, es considerado un Santo. La iglesia confirma su compromiso con la exaltación de las imágenes retrogradas que debería quedarse precisamente en el pasado, junto a las de obligatoriedad del diezmo o la creencia de la brujería. El genocida Juan Pablo II, que nunca sufrió de VIH, no entendió jamás que la razón debía acercarse a la fe, el cielo debe estar en la tierra para la felicidad del hombre siendo la razón quien deba acortar esa distancia, evitando el sufrimiento en un mundo creado a la imagen y semejanza de su creador.

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